*__menu

Ensayos, Chapi.

–Para todo lo demás, existe mastercard– dijo Chapi. Subió el volumen de los parlantes y continuó –esto va a salir en los documentales–. Su banda “Bandalos Chinos” estaba cerrando el año con un nuevo disco para 2025. Saldrían de gira y nos despediriamos del baterista de Theo y Simón. El sol se puso sobre el horizonte de nuestras vidas como músicos profesionales. Nada sería igual. Teníamos que tomar acción. Convenceriamos a Chapi de quedarse en la banda y dominariamos el mundo! Como Pinky y Cerebro (yo siendo Cerebro por supuesto).
Partimos con el Chaps de estudio Coco a Saldias. El basurero. Casa. Ahi solo el vestigio de una sala que alguna vez tuvo vida. Nos quedamos un rato. Tocamos panquish. Reflexionamos. Si no hubiese sido por Chapi seguiriamos grabando criollas en el ático de una casa abandonada. Un musico excepcional. Con la sabiduría de quien no sabe nada. Haciéndonose el tonto. Un baterista que podría haber formado parte de CAN mientras Damo Suzuki seguía cantando.
Le dije, –Chapi, se que sos el corazón de una de las bandas más grandes de Argentina, osea, de America, osea, del mundo, pero que haría falta?–. Después de grabar dos notas de voz. Salimos a la calle San Pedro de Jujuy. Caía la desganada tarde sobre el pavimento. Los dos fumando mientras barajamos un mazo de cartas. Cuáles serían los términos de este conjunto que se posaba sobre la cuna de una santa cuatridad (Yo, Simón, Carlos y Chapi). Chapi dijo –solo para fechas con más de 400 personas– Trato. –Quiero que las pruebas de sonido sean puntuales– Trato. – Y quiero que dejes de fumar–. Trato. Cerramos el candado y nos dimos la mano. FIN.