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En Vivo, Diosque.
Fuimos a ver Diosque con Clara. Llegamos tarde pero temprano a la vez. El chiste del día era pensar temas para una serie. Una serie imaginaria protagonizada por los dos gatos de Paty y Marina que nos esperaban sentadas en una mesa afuera. Era el típico patio que da a un pulmón tranquilo con piso de piedritas y lucecitas colgantes. Ralph y Monsieur Le Chat eran los nombres de sus gatos. La serie transcurria siempre en año nuevo. Cada capítulo era un nuevo año nuevo y siempre empezaba con un brindis de Ralph. A Ralph le encantaban los brindis, en especial los suyos. El instante en que todos sus gatos amigos hacían silencio lo intoxicaba. Paty levantó su copa y personificó a su gato Ralph dando el primer brindis de la noche. Todos brindamos haciendo de cuenta que éramos sus gatos compinches. Luego empezó el chow.
¿Cómo estuvo el chow? Profético. Una epifanía tras otra. Yo estaba de microhongos y de muy buen humor. Una de las canciones hizo que nos miremos con Clara. Parados en la tercera fila éramos el club de los que sabían cuáles eran las mejores partes. Una guitarra punk amenazaba con prender los sensores de humo. Detrás suyo ronroneaba un amplificador como el motor diesel de un Torino. Luego entró derrapando la voz. Iba sacando chispas. La primer línea fue “Rompo, todo lo que toco”. Mi cabeza hizo pop. Nos miramos con Clara y empezó a saltar el club de los sabiondos.
Me interrumpió mi amiga Patricia. Yo estaba escribiendo sobre los tickets que nos habían dado por los “Tom Collins.” Dijo que mi trabajo estaba en juego. Tenía que tomarme esta columna con seriedad. Agarró mis manos y susurró a mi oído –La gracia es un fuego que te entibia la cara pero para cruzar el desierto vas a necesitar de las estrellas y de su luz blanca–. Mire para arriba y las estrellas ahí estaban. Cruzaba de medianera a medianera el cinturón del cielo gordo. Había un cartel azul neón que decía “Congo.” Honduras 5329, Palermo.
Llegó Marina con un bloody mary para mí. Le había dicho que me sorprendiera. Me contó que al parecer el chabón después de haber puesto la medida más grande de tabasco tiró el pote vacío y fue a buscar más tabasco y sal. Después pidió permiso para improvisar y le puso pisco chileno. Estaba bastante polémico. Pero me hizo pensar en Chile y en mi madre. Me hizo pensar en todo el pueblo chileno soñando sobre las montañas muy cerca del cielo. Un cielo del que pocas veces estuvimos tan cerca.
78 86 22.